Amutxate es
una de las numerosas cuevas descubiertas por el grupo espeleológico
Satorrak en los treinta años que lleva investigando en la sierra de
Aralar. Para los miembros de este grupo es habitual entrar cada fin
de semana en una cavidad virgen, pero nunca olvidarán la que
descubrieron un día de 1988. Sólo era una pequeña rendija, pero
tenía una característica muy importante: por la boca emanaba un aire
fortísimo, lo que significaba que más adentro existía una gran
gruta. Sin embargo, se trataba de una cavidad muy estrecha y los
espeleólogos no podían acceder a ella. La denominaron AM-3, en
referencia al topónimo de Amutxate.
«En un principio la entrada tenía unas medidas de un metro por 70
centímetros y apenas se podía acceder por un pequeño habitáculo de
diez metros, pero continuaba con un meandro muy estrecho, de unos 25
centímetros y una altura de dos o tres metros», relatan Arturo
Hermoso de Mendoza y Víctor Abendaño en nombre de todo el grupo
espeleológico.
El siguiente paso fue realizar una labor de desobstrucción e
intentar ampliar el paso para poder entrar, reto en el que
estuvieron trabajando durante seis años. «Nosotros lo que buscábamos
era un río subterráneo, porque esa cueva está situada geológicamente
encima de una corriente de agua que va hasta el nacedero de
Aitzarreta, en Iribas. Fue realmente duro, porque era roca madre, un
lugar muy estrecho y requería muchas horas de trabajo a base de
maceta y puntero», rememoran los espeleólogos.
Gracias a la aparición de un sistema de desobstrucción más
efectivo, en el año 94 lo pusieron en práctica en la cueva y un año
después consiguieron ampliar el meandro y acceder al interior de la
gruta.
En un primer momento observaron que tenía agua, que era activa, y
que se trataba de una cavidad virgen. El grupo se emocionó con el
descrubrimiento y empezaron a bajar por la gruta y a prospectar.
«Enseguida nos dimos cuenta de que era una sala especial, porque
estaba totalmente cubierta de huesos y de cráneos de osos de las
cavernas», recuerda Hermoso de Mendoza.
La fecha la tiene bien grabada en la memoria: el 13 de mayo de
1995. Aquel fue «un día mágico» en la vida de los espeleólogos de
Satorrak, porque a partir de ahí se abría una gran aventura para
ellos.
Lo primero que hicieron fue mantenerlo en secreto para que no
fuera expoliado, como ha ocurrido con la gran mayoría de los
yacimientos. Más tarde sabrían que Amutxate está considerado no sólo
el único yacimiento virgen de todo Euskal Herria en su género, sino
probablemente de toda Europa.
Aquel mismo día iniciaron gestiones con técnicos y especialistas,
en una especie de ‘‘prospección’’ de pasillos por el Gobierno de
Nafarroa, Museo de Nafarroa, Mancomunidad de Sakana, Ayuntamiento de
Larraun, consorcios turísticos, asociaciones... Pero nadie ponía
mayor interés en el hallazgo, lo cual resultó una gran sorpresa para
sus descubridores.
«Pensábamos que nos lo iban a quitar de las manos, pero resultó
todo lo contrario. Nosotros teníamos interés en aprender en aquella
cueva y vivir el descubrimiento. Sin embargo, durante un año nadie
puso interés, hasta que logramos contactar con Jesús Altuna, de la
Sociedad de Ciencias Aranzadi. El nos recomendó prosiguen los
miembros de Satorrak que el yacimiento fuese investigado por
Trinidad Torres, un especialista de primer orden a nivel europeo que
lleva treinta años trabajando junto con el geólogo Rafael Cobo en
yacimientos de este tipo».
Trinidad Torres es catedrático de Paleontología en la Universidad
de Madrid. Cuando los espeleólogos le mostraron las fotos de la
cueva, se quedó perplejo. «Sus ojos se le pusieron como platos, le
hacían txiribitas», revive Hermoso de Mendoza.
Según les explicó el experto, el oso de las cavernas es un
especimen ya extinguido pero bien conocido, ya que hay cantidades
ingentes de restos en cuevas de Austria y en otros países de Europa.
¿Cuál era el motivo de su gran interés por Amutxate? El mismo lo
reconoció: se trataba de la primera cueva intacta que descubría en
su larga carrera. Ello significaba que se abrían grandes
posibilidades de que sirviera para estudiar otros yacimientos
alterados por la acción humana. «Si entra alguien a la cueva, ya no
tiene interés para mí», advirtió entonces.
Dicho y hecho. Los miembros de Satorrak se encargaron de guardar
el secreto. Cuando Torres entró por fin a la cueva y vio aquello,
tuvo claro que se iba a jubilar en la investigación de aquel
fabuloso hallazgo.
Ahora, tras varios años de trabajo, el inventario está a punto de
finalizarse. De momento, puede adelantarse que ya se han
contabilizado alrededor de 15.000 restos de osos, lavados,
inventariados, consolidados y siglados. Esto significa que cada uno
de estos 15.000 huesos lleva una identificación del lugar exacto de
la cueva donde apareció. Es decir, ha sido mapeado al milímetro.
Gracias a ello, los paleontólogos están ahora en perfectas
condiciones de reconstruir el estado original del yacimiento.
El inmenso trabajo que ello supone lo ejemplifica muy bien
Hermoso de Mendoza: «Un diente de oso tiene 30 medidas, que son las
que caracterizan la especie. Entonces, se ha de medir cada hueso
hallado. Si un hueso tiene 30 medidas, podemos imaginar el trabajo
concienzudo que supone hacerlo con 15.000 huesos».
Tras cinco años de excavación, las primeras conclusiones
preliminares revelaron que en Amutxate hubo un número mínimo de 200
osos muertos. Lo que han hecho los miembros de Satorrak ha sido
excavar una parte del yacimiento, concretamente 50 metros cuadrados
de los 1.400 que tiene la sala. Esos datos permiten asegurar que
hubo 202 osos muertos, la mitad machos y la mitad hembras, y que 117
eran oseznos.
desparecio hace 10.000 años
Los grandes mamíferos se extinguieron en Europa en el Pleistoceno
Superior. Unos paleontólogos mantienen que fue debido al cambio
climático producido hace 10.000 años. Las temperaturas aumentaron
mucho y los mamuts, osos de las cavernas y otros animales de la Edad
de Hielo sufrieron un cambio importante en su ecosistema. Otros
dicen que los osos desaparecieron por la presión humana, ya que
compartían idénticos biotopos, y algunos aseguran que pudo deberse a
una hiperepidemia.
Lo que está claro es que el oso de las cavernas tuvo su época de
esplendor en los últimos 100.000 años y se extinguió hace 10.000.
Además, se da la circunstancia de que tiene un ancestro común con el
oso pardo del Pirineo.
Las poblaciones de oso de Amutxate han sido datadas en dos épocas
diferentes, lo que significa que hubo dos momentos de ocupación de
la cueva: una hace 85.000 años y otra hace 45.000.
La datación de la cueva, el número de ejemplares y su
distribución en la caverna son algunas de las conclusiones
preliminares del estudio de Amutxate, pero otras requerirán todavía
numerosos años de estudio.
El hallazgo también ha permitido observar cómo es la evolución
natural de un yacimiento, cómo el agua y el barro va arrastrando los
huesos, los va disgregando y tienden a desaparecer de forma natural.
Todo ello ayudará a aplicar estos conocimientos en otros yacimientos
arqueológicos o paleontológicos.
Otro aspecto muy interesante de esta gruta virgen de la sierra de
Aralar son los restos de roedores, porque servirán para datar el
yacimiento y aportar una imagen de cómo era esta zona de Nafarroa en
los últimos miles de años.
Como curiosidad, Hermoso de Mendoza constata que los yacimientos
de osos de las cavernas siempre están en cuevas antiguas, en grutas
muy alteradas por el paso del tiempo. «Casi nunca se puede reconocer
la boca por la que ellos entraban a la cueva. Siempre aparecen en
recónditos lugares dentro de las montañas».
Uno de los aspectos que más les ha preocupado a los miembros de
Satorrak es la conservación del yacimiento y su futuro, así como la
difusión de lo hallado, «para que la gente aprenda a valorarlo».
Sin embargo, han comprobado que la situación del patrimonio
navarro es «lastimosa», que la actitud de las instituciones «deja
bastante que desear» y que las instituciones locales y la sociedad
en general «tienen mucha pasividad, ya que no saben valorar estos
tesoros que son patrimonio de todos».
«Nosotros solos no podemos proteger este yacimiento
reconocen. Necesitamos la implicación del Gobierno y de
las instituciones, porque estos restos no caben en unas cajas ni en
un almacén».
La cueva sigue intacta, pero la incertidumbre sobre su futuro es
total. Por ello, Satorrak reclama una gestión, un estatus legal y
una protección de las autoridades. Asu juicio, Amutxate debe ser un
monumento natural o un lugar histórico protegido, pero también ven
necesario un museo local en la zona que dé a conocer este
patrimonio, y un Museo de Ciencias al que poder acudir cuando
encuentran un yacimiento. -
IRUÑEA