Pues como quedamos que tenía pinta que la cavidad se ampliaba y seguía después unos pocos metros de arrastradero por el agua, nos animamos y volvemos al agujero de la semana pasada esperando que, aunque ha llovido algo, podamos pasar sin mojarnos mucho.
Como conocemos al personal, y para no sufrir todos, mandamos un aguerrido explorador que haga el arrastradero y, desde el lado amplio, nos diga si merece la pena mojarnos todos o no.
Así que, para dentro. Le oímos arrastrarse y como roza con suelo, paredes,… Nos llega su voz:
- “Sigue habiendo agua pero sigo”,
pasa el tiempo (con mas ruidos) y de nuevo:
- “¿Cuántos metros dijo que había antes de ampliarse?”.
- “Unos 7 o así, ¿qué tal va?”.
- “Llevo bastantes más y no se amplia, y sigue el agua”.
Ups.
- “He hecho como unos 20 metros y se estrecha todavía más como para no pasar. Vuelvo”.
Me cagüen el p….
Así que sale empapado y acordándose de todo.

Vamos a la calle y, de vuelta hacia el coche, aparece otro agujero. Hay que quitar alguna piedra pero se ve el pozo debajo, pero ya es tarde y tenemos al compañero empapado, así que otro día será!.
Y ese día es el siguiente, damos algún relevo a la gente de ayer pero volvemos con ganas al nuevo agujero.
Movemos la piedra con una polea y, una vez más, para dentro.

Pozo con un poco de barro pero enseguida la roca cambia y se limpia completamente, con marcas en las paredes de que mueve agua. Bajamos y, una vez más, por abajo todo se cierra aunque hay una ventana por la cual, tras un meandro estrecho, se llega a una zona para equipar. Salimos no teniendo muy claro si es bueno o malo que la ventana continúe porque el estrecho nos ha vuelto a dejar embarrados hasta arriba.
Participantes: Ainhoa, Jon, Benja, José y Jaime.